lunes, 16 de enero de 2012

Condenado al ostracismo

Se define como la perdida de una posición, cargo o puesto y proviene de la medida que adoptaban los griegos, condenados al destierro a los cargos públicos que abusaban de sus poderes. 
Estar o verse condenado al ostracismo puede ocurrirle a cualquiera. Un cambio político, una absorción empresarial, una pérdida de la mayoría en un departamento universitario o en una asociación de cualquier tipo, una caída en desgracia, y de la noche a la mañana se queda uno fuera de juego, apartado, ningueado, al menos temporalmente. Esa es la condena al ostracismo: justa, injusta, lógica, absurda, siempre deprimente.
El origen de esta expresión está en una de las leyes que componían lo que hoy se llamaría paquete de medidas que la Asamblea ateniense promulgó a instancias de Clístenes cuando se acabó con la tiranía de Prisistato y de su hijo Hipías, a finales del siglo VI a.C. La ley establecía la pena de destierro para aquellos políticos que fueran encontrados de acumular un exceso de poder.
El término ostracismo procede de la mecánica de esa condena, que se realizaba mediante votación. En esta se empleaba un curioso tipo de papeleta: un trozo de vasija de barro. Por analogía, estos trozos reciben en griego el nombre de óstraca (literalmente conchas). En el Ágora de Atenas debía de haberlas para dar y tomar, pues estaba al lado del barrio de los alfareros, el famoso Cerámico, situado al pie de la Acrópolis. Una vez al año se planteaba en una sesión ordinaria de la Asamblea (Ecclesía) la cuestión del ostracismo. Los ciudadanos grababan en los óstraca, con cualquier objeto punzante, el nombre del que consideraban merecedor del castigo. Para condena se necesitaban 6000 votos aproximadamente los dos tercios del censo de ciudadanos (politai).
Grandes protagonistas de la historia de Atenas sufrieron esta condena, como Aristides, Temístocles y Cimón. 
A propósito de la condena de Arístides (hacía 484 a.C.) cuenta Plutarco una anécdota muy ilustrativa: Estaban en la operación de escribir las conchas, cuando se dice que un hombre del campo, que no sabía escribir, le alcanzó una a Arístides, a quien casualmente tenía al lado, y le encargó que escribiese Aristides; y como éste se  sorprendiese y le preguntase si le había hecho algún agravio:"Ninguno -respondió-, ni siguiera le conozco, pero ya estoy fastidiado de oír continuamente que le llaman el justo". Oído esto, Arístides nada le contesto y escribió su nombre en la concha y se la devolvió. 
Primera vez que se aplica la ley relativa al ostracismo, fue dos años después de la Victoria de Maratón (490 a.C.); a un pariente de Prisístato.

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