martes, 27 de diciembre de 2016

MÁS PACIENCIA QUE SANTO JOB


Dios permitió que Satanás tentara a su siervo
exterminando a su familia, arruinando su
hacienda, y minando su salud. Todo lo
soportó el santo bíblico, recibiendo al fin
una gran recompensa.

Hablar de la paciencia e, incluso, de la santa paciencia de Job a la hora de describir la capacidad de aguante de alguien, ha venido siendo corriente en todos los ámbitos. Pues hasta no hace mucho este personaje bíblico, considerado el prototipo de la paciencia por antonomasia, como otros muchos de la misma procedencia, resultaba familiar a casi todos. Hoy ya no es así, para mucha gente al menos, sobre todo de las últimas generaciones, incluso entre los católicos confesos. La causa hay que buscarla en los derroteros por los que se ha encaminado la nueva didáctica de la asignatura de Religión en colegios e institutos. Una verdadera lástima.
Job es el protagonista del Libro de Job, uno de los siete libros Sapienciales del Canon bíblico. En este bloque se encuentran las páginas más inspiradas literariamente hablando de toda la Biblia, como los Salmos o el Cantar de los Cantares. No es de extrañar que las obras atrajeran de manera especial el interés de un gigante de la traducción poético como fue Fray Luis de León.
Es Job un personaje atípico de un libro también atípico. Para empezar, ni siquiera era israelita, sino del "país de Hus", "entre los orientales", como dice el propio texto. "En el borde exterior del judaísmo" dice G. Steiner, cuando habla de él en La muerte de la tragedia. La estructura de la breve obra es también extraña. Empieza y acaba como un cuento o, mejor, como un antiguo mito, pero se han introducido en él diversas interpolaciones de contenido teológico y moral sobre el tema de "el sufrimiento del justo" y un largo poema en boca del propio Yavé, una afirmación de su poder con una fuerza poética auténticamente homérica.

Apuesta entre Dios y Satán
Prescindiendo de interpolaciones, esta historia ejemplar puede resumirse: "Había en la tierra de Hus un varón llamado Job, hombre integro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal... Sucedió un día que los hijos de Dios fueron a presentarse ante Yavé, y vino también entre ellos Satán. Y dijo Yavé a Satán: "¿De dónde vienes?". Respondió Satán: "De dar una vuelta por la tierra y pasarme por ella". Y dijo Yavé a Satán: "¿Has reparado en mi siervo Job...?. De ahí surgió una especie de apuesta entre ambos sobre las virtudes de Job. Para probarlas, Dios dio poderes a Satán con tal de que no tocara a Job. Los ladrones, el fuego, los caldeos, un torbellino del desierto y siervos, sin hijos e hijas, Job rasgó sus vestiduras, rasuró su cabeza y se postró en tierra adorando a Dios y bendiciendo su nombre.
Yavé dobló la apuesta y permitió a Satán tocarle en su persona pero respetando su vida. "Le hirió con una úlcera maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Rascábase con un tejón y estaba sentado sobre la ceniza. Dijole entonces su mujer: "¿Aún sigues tú aferrado a tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete! Esto sí estuvo a punto de impacientarle. Como cuando le visitaron sus amigos intentando consolarle con sus retóricas morales. Pero mantuvo tenazmente hasta el fin la defensa tanto de su proceder como del de Dios, por incomprensible que le resultara, y éste le premió doblándole el número de ovejas, camellos, yuntas de bueyes, asnas. Tuvo Job otros catorce hijos y tres hijas. Vivió ciento cuarenta años y murió "colmado de días".
No es mera pasividad o sumisión lo que define la actitud de Job, en contra de lo que a veces se da a entender. Bien pensado, quizás más que de la paciencia habría que hablar de la resistencia de Job. Sería chocante, pero no imposible, que el desaparecido C.J. Cela se hubiera inspirado en Job para escoger su epitafio: "El que resiste, gana".


Autor: José Antonio Monge
Revista La Aventura de la Historia
Nº44 año 4
Junio 2002

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