domingo, 29 de julio de 2018

Ojo por ojo, diente por diente



OJO POR OJO

Esa frase, que hoy parece sinónimo de represalia, tiene origen en el Código de Hammurabi y servía para evitar la venganza ciega y para que fuera el Estado quien la ejerciera.

La expresión completa sería Ojo por ojo, diente por diente. Aparece ya como frase hecha en el Evangelio de San Mateo (5.38): “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente…” Es la famosa Ley del Talión, siempre mencionada al hablar de una venganza. En realidad, una ley que en su origen supuso un gran progreso, un intento de racionalizar el impulso vengativo tan arraigado en el hombre.

Su primera formulación conocida es más de mil años anterior a su nombre. Aparecía ya entre 284 normas del Código de Hammurabi (s.XVIII a.C.): “Si un hombre destruye un ojo a otro hombre, se le destruirá un ojo”. La pena es réplica exacta al daño, ni más ni menos. Se entiende que la ejecución de la pena corre a cargo del Estado, no se pone en manos del damnificado. La ley venía a limitar la venganza en dos sentidos: ésta no podía ser desproporcionada y pasaba de ser una cuestión personal a una competencia del Estado.

En el Antiguo Testamento, en donde sin duda los lectores del evangelista “has oído que se dijo”, se habla de esta ley (sin nombre todavía) por lo menos en tres libros. En el Éxodo, 21.22-24: “Si en riña de hombres… resultase algún daño, entonces dará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal”. La gradación decreciente de los daños da qué pensar. Parecidas formulaciones aparecen en el Levítico, 24.17-21, y en el Deuteronomio, 19.21. Siempre manteniendo las dos limitaciones: igualdad del daño y nada de tomarse la justica por su cuenta.

El nombre de Ley del Talión es de origen latino. Su primera formulación conservada en esta lengua está en las venerables Leyes de las Doce Tablas de mediados del s. V a.C. Aparece, concretamente, en un fragmento que se supone pertenece a la tabla VIII: Si membrum rupsit, ni cum eo pacit, talio esto: “Si uno rompe un miembro (a otro), si no pacta con él, sea (castigado) con un (daño) igual”. (De ese talio, en realidad una forma pronominal arcaica, surgió el sustantivo talio, talionis para designar esta ley). La posibilidad de un arreglo (pacto) es otro de los ingredientes de la Ley del Talión, que ya aparecía también en la tradición de la biblia.

En la legislación islámica esta ley recibe el nombre de Qasâs y aparece formulada en una de las aleyas coránicas: “Oh creyentes, se os ha prescrito la Qasâs en casos de homicidio: el libre por el libre, el esclavo por el esclavo, la mujer por la mujer (otra gradación sintomática). Pero si a alguien le rebaja su hermano la pena, deberá indemnizar a éste espontánea y voluntariamente. Esto es un alivio y misericordia por parte de vuestro Señor. Mas quien después se vengue, sufrirá un severo castigo. En la Qasâs tenéis asegurada la vida, hombre de intelecto! ¡Quizás así temáis a Allah! (Corán 2: 178-179).

Una herencia maldita

Más de mil años separan una de otra estas tres formulaciones. Lo que en su día fue un hito en la superación de la barbarie (la de los pastores amorreos en el caso de Hammurabi, la de los agrestes latinos en el de las Doce Tablas, la de los nómadas beduinos en el del Corán), fue superado y archivado por el Derecho grecorromano. Aunque no en todas partes. La Ley del Talión sigue vigente, de facto e incluso de iure, a estas alturas de la Historia, dos mil quinientos años después de Las leyes de Platón. Y no sólo en sociedades marginales (léase las múltiples mafias que pululan por el ancho mundo) sino por parte de Estados respetables, como Arabia Saudí, donde la Corte Suprema condenaba recientemente a un hombre, convicto de haberle roto dos dientes a un vecino en una trifulca, a la pena de dejarse arrancar otros dos en la plaza pública de su ciudad. Se supone que los mismos, y con las técnicas quirúrgicas más modernas. Y ¿qué pensar de la espiral de venganzas diarias en Israel y los territorios palestinos, justificada en nombre de la misma ley, compartida por los dos pueblos hermanos como una herencia sagrada y maldita?

La cosa clama al cielo.